viernes 1 de octubre de 2010

La hora de la autocrítica


Este extracto del artículo de Victor A Gómez en La Opinión de Málaga habla de autocrítica. Aquí está la zona en la que agentes culturales, artístas y demás debemos trabajar. Y no porque Málaga esté fuera de 2016. La cosa está en que la ciudad necesita reconocerse. Málaga, salvaje y cizañera, es también una balsa de aceite que no nos deja andar. Playas, pescaito, guiris, Semana Santa y Toros no son los retos; la ilusión por crecer, ser mejores y comprometerse ha de venir de un cambio de actitud. Y para ello hay que mirarse por dentro y convencerse para creer que podemos y poder.

Repetir cien veces antes de cada comida: "No es verdad que Málaga no vaya a cambiar nunca, porque está en nuestra mano"

Los malagueños
| ¿Ha estado la ciudadanía a la altura?. Indolencia y derrotismo
Si hay que hacer un examen de conciencia, una cura de humildad, todos, la ciudadanía malagueña en su conjunto, debemos entrar en ella. ¿Hemos estado a la altura del sueño del 2016? Aunque sea injusto, como siempre, generalizar, lamentablemente creo que no. Por supuesto que ha habido muchísimos puntos a favor: el compromiso del mundo de la cultura con la Capitalidad –comprobable en las ideas y el tiempo que ha aportado gratuitamente–, que tantos ciudadanos hayan remitido iniciativas personales para enriquecer la candidatura... Pero también han surgido, quizás aún no pueda ser de otra forma, algunas características muy malagueñas, precisamente las que, en mi opinión, impiden el crecimiento de nuestra ciudad: cierta indolencia, despreocupación y pasividad por la cosa local –cuando no el derrotismo masoquista: cuántas veces hemos escuchado estos meses frases del tipo «¿Cómo va a ser una ciudad como Málaga Capital Europea de la Cultura?»–; también se ha dejado ver cierto cainismo, el proverbial deporte de tumbar a quien quiere aportar alguna idea o iniciativa.

Por supuesto que la ciudadanía debe exigir alianza y espíritu de equipo a los diversos, múltiples gobernantes que la rigen, pero también nosotros debemos ofrecer más que criticar, unirnos para caminar en una dirección en vez de esta ruta diaspórica que, llevamos muchos años viéndolo, no conduce a nada reamente bueno.